Más allá de las cifras

Tras la polémica generada por J. Leguina y otros sobre la veracidad o no de las cifras de pobreza, creemos que es importante profundizar el debate sobre el conocimiento que tenemos sobre la misma y sus diferentes dimensiones. ¿Queremos entrar de verdad a conocer qué es la pobreza? Pues salgamos de las burbujas y torres de marfil y entremos en diálogos con quienes la sufren. Una aportación en ese sentido es el informe de ATD Cuarto Mundo Internacional “La miseria es violencia” (informe completo). Acá van dos de las muchas claves recogidas en este trabajo de investigación-acción colaborativa:

Habiendo sido trivializada la verdadera dimensión de la extrema pobreza, a menudo ésta es descrita únicamente en términos de carencia de alimentos, de ingresos, de alojamiento, de saber. Ponerse en situación de comprender y aprender a partir de quienes son víctimas de tales condiciones, hace emerger otra realidad: la de multitud de auténticas violencias ejercidas a la par de la negación de los derechos fundamentales. «Nuestras vidas están hechas de violencias».

Las privaciones materiales encierran en la supervivencia; la inseguridad provoca rupturas en la familia; la explotación niega las capacidades; las humillaciones, la exclusión y el desprecio llegan hasta el no reconocimiento de las personas más pobres como seres humanos. Esta realidad interroga no solamente a los programas de ayuda humanitaria y de lucha contra la pobreza, no solamente a las instituciones creadas para y por el conjunto de la sociedad, sino que también interroga radicalmente todas las relaciones entre las personas y los pueblos. La incomprensión entre los seres humanos y lo inadaptado de las respuestas planteadas, provienen de un conocimiento de la realidad troncado e incompleto, un conocimiento elaborado sin las personas concernidas que es, en sí mismo, fuente de violencia y abandono.

Estar condenado a la mera supervivencia

«Trabajamos por la mañana para comer por la noche».

Las privaciones materiales que padecen quienes viven en situación de pobreza extrema encierran a personas, familias y comunidades enteras en la supervivencia: estar condenados a ocuparse siempre de lo inmediato y no poder proyectarse hacia el futuro y prepararse para él, a no poder ofrecer bienes de calidad a sus propios hijos, a vivir en lugares peligrosos, a hacer elecciones imposibles, a la separación de la familia, a competir por recursos siempre insuficientes.

«Creo que lo peor de la pobreza es la pérdida de esperanza. No hay esperanza, y cada mañana cuando te levantas, es siempre lo mismo: no saber de dónde vendrá la comida de hoy, ver a tus hijos con hambre y sin posibilidad de hacer nada para remediarlo. Y cuando llega el día siguiente, todo vuelve a empezar. No hay esperanza al final del túnel».

No ser tratado como un ser humano

«Lo más terrible de vivir en la miseria es el desprecio, que te traten como si no valieras nada, que te miren con asco, con miedo y hasta que te traten como a un enemigo. Nosotros y nuestros hijos vivimos eso a diario, eso nos hace daño, nos humilla y nos hace vivir con miedo y vergüenza».

Al lado de la violencia de las privaciones existe otra violencia, también extrema, que está ligada a la humillación, al desprecio y a la negación de la humanidad de la persona: la violencia de no ser tratado como un ser humano debería ser tratado. «Como si para ellos no fuéramos seres humanos».

El tratamiento inhumano es una violencia que resulta en todas las demás: la sucesión del no-respeto, de la humillación, de la discriminación, del ultraje y la negación de los derechos fundamentales, hasta alcanzar la violencia física recibida por los más pobres en la escuela, en el trabajo, o en la calle. «No solo yo no tenía nada, sino que había sido reducido a nada». Personas que se ven degradadas, encerradas en categorías estigmatizadoras, y nombrados por denominaciones indignas. Cotidiana e insoportable para quien la padece, esta violencia es invisible, o considerada como normal y trivializada por quienes la cometen o la presencian sin reaccionar.

«Que las personas nos falten el respeto llamándonos por nombres tipo “caso social”, “mala madre”, “incapaz”, “buena para nada”, da testimonio de que nos están juzgando y de un desconocimiento de nuestra realidad. Nosotros sentimos la violencia de ser discriminados, de ser inexistentes, de no formar parte del mismo mundo, de no ser tratados igual que los demás seres humanos. Éstas violencias cotidianas son malos tratos».

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s