No podemos perder la narrativa de nuestra historia

Testimonio compartido por Hontanares Arranz en el Foro Rentas Dignas el pasado 17 de Octubre, y recogido en su blog:

Hoy estaba planteandome preparar la intervención del 17 de octubre  sobre las condiciones de las Rentas Mínimas desde mi posición de Trabajadora Social cuando estaba oyendo el documental de Naomi Klein de la teoría del shock:

Me ha parecido fundamental por varios motivos, uno porque si hay algo que identifica a la pobreza es el aislamiento, que es una de las técnicas de las que habla, otra es la del miedo de los otros a que les pase la violencia que otros sufren como ejemplificadora, y lo más importante, las narrativas, no podemos perder nuestras propias narrativas.

Estos últimos ocho años he hablado mucho con personas de Cuarto Mundo que padecen situaciones de pobreza extrema. Estos diálogos que desde el Movimiento Cuarto Mundo se establecen para ayudar justamente a no perder esas narrativas, y me han hecho llegar a una consciencia superior de las situaciones de violencia que suponen la situaciones a las que se somete a la población más pobre. Las Rentas Mínimas han supuesto en España lugares privilegiados de ensayo de cómo someter al miedo a al población general y cómo construir prejuicios que benefician a quienes mantienen la pobreza como medio de control. Hace una semana oia la presentación del dictamen de renta mínima de CCOO:

Planteaban que es una nueva prestación, para personas que quisieran seguir trabajando por contraposición a las rentas mínimas que ya están en mano de las comunidades autónomas para personas excluídas que no quieren trabajar. Este es en síntesis la narrativa que nos quieren vender desde hace 20 años: los pobres no quieren trabajar, son culpables de su situación. Como si el mercado de trabajo fuera disponible a cualquiera que quisiera entrar en él, y quienes no quisieran entrar fuera por su propia autoexclusión de la economía.

El derecho a los medios materiales de vida básica es algo que después de un rato de discusión nadie que no sea un psicópata podrá poner en cuestión. En un mundo donde la economía no se ha construido para que todos existamos, sino para que algunos acumulen sin sentido en contra de la población en general, hay que convencer a la mayoría que esto es bueno para la mayoría y que los que quedan fuera lo son sólo por su responsabilidad y que por tanto queda en cuestión si debemos hacernos corresponsables de su situación.

Desde hace 20 años trabajo en Servicios Sociales. He pensado muchas veces en mi papel en este sistema. Ser consciente de lo que acabo de decir, me ha llevado en ocasiones a sentirme mal al cobrar al final de mes por participar en un sistema de violencia que gestiona la miseria con control de los pobres. Cuando a una persona que no tiene para su subsistencia, te ves obligado a pedirle que haga una declaración jurada sobre los medios por los que vive o paga su vivienda, sin tener en cuenta en la prestación que vas a gestionar que tampoco le dará para este pago, en realidad, ¿qué le estás diciendo? ¿cuál es el mandato con esta pregunta del sistema? Le estás presuponiendo un estafador del sistema del que se quiere beneficiar. Esta persona llegó allí pidiendo medios de subsistencia hace meses  ¡por el amor de Dios! Has visto cómo al llegar septiembre viene angustiado porque no puede comprar los libros a sus niños, te ha contado cómo en la mañana les da te porque no hay para leche, cómo busca en los contenedores porque no hay para más, cómo en el banco de alimentos le han dado algo pero no suficiente porque hay muchas familias en el barrio y no llegan a todas, cómo hace distintos trabajos sin contrato porque son de pura subsistencia,… y le estamos dando un mensaje absolutamente esquizofrénico al decirle que sabemos que no podrá pagar su vivienda pero que sabemos que la pagará haciendo lo que sea que no nos podrá revelar porque se lo descontaremos porque de otra manera nos estará estafando, y que si es la familia, está obligada por el código civil por lo que si es con continuidad no le corresponderá nada porque está cubierto. Y aún así tienes que redactar esa puta declaración jurada de cómo no se ha muerto si han pasado 15 meses desde que solicitó la ayuda.

Tengo tablas por horas/día para descontar de las cartillas de racionamiento insuficiente que suponen las Rentas Mínimas. Rezo porque no me cuenten de qué viven los ciudadanos que vienen a solicitar una Renta Mínima, porque se lo descontarán.

Construir una comunicación que le exima de la etiqueta de estafador y que ponga las claves en el sistema de opresión con el que uno no está de acuerdo es realmente difícil pero me he convertido en una experta. Los que trabajamos nos hemos convertido en expertos del camuflaje de la realidad. Así sabemos que todo lo que sea “prestado a devolución” cuela, o que explicar con detalle lo que implica hacer este tipo de trabajos hace que se hayan acabado hace unos meses…

Me gustan los gitanos, porque ellos son expertos, a causa de necesidad, en exculparse. Están inmunizados. Me gustan los marroquíes tradicionales, porque ellos tienen claro lo que una mujer realiza como trabajo doméstico y lo necesario que es y algunos no están dispuestas a cambiar este modelo de vida porque aún consideran vital la economía de cuidados, como mi padre y mi madre.

Me gustan esas personas que no aceptan que son culpables de lo que viven, que no se victimizan de lo que sufren, sino que luchan por sobrevivir cada día.  Y se lo devuelvo, les devuelvo mi respeto por lo que hacen, porque esto es reconstruir la narrativa de la resistencia y de la resiliencia, y porque hoy lo puedo decir aquí bien alto en el corazón de Madrid, donde muchas personas que ahora comienzan a vivir en condiciones de pobreza están más indefensos, y necesitan aliarse con los expertos, los miembros de Cuarto Mundo, que han hecho este camino desde hace muchas generaciones, en algunos casos, desde hace media vida, para que entre todos, y juntos podamos construir una narrativa distinta a la que pretenden aquellos que intentan responsabilizar del empobrecimiento a los pobres.

Al principio de trabajar, con 21 años, mi única inmunidad era la imprudencia que siempre me ha caracterizado y que me permitió tener la libertad para pensar. La mayor parte de los trabajadores de Servicios Sociales tenían contratos anuales por convenio, y  tenían miedo a que pensar y manifestar los pensamientos pudieran perjudicarles en su renovación. Asique eludían las preguntas, ejecutaban lo que se pedía, ya …(Hoy mismo yo estoy en curso de una denuncia por mi tipo de contrato, eventual despues de 10 años en el mismo puesto, por un máximo de tres por obra y servicio, asique sigo manteniendome inmunizada al miedo, porque se que mi destino es el vuestro).

Cuando yo me encontraba ante el Programa de Integración, que era un documento que tenemos que rellenar con las dificultades personales y familiares a vencer y los compromisos a abordar por los individuos y las famillias, algo se revolvía dentro de mi. Mi procedencia era similar a la de muchas de aquellas familias, eran las familias pobres de mi barrio. Estaban fuera del sistema económico. ¿Qué broma era aquella de trabajar qué tenían que poner en funcionamiento para incluirse? ¿Ellos? Yo salí de mi pueblo porque no había futuro en la fábrica. Mi padre llegó a la fábrica porque no lo había en el campo. Muchos estaban fuera porque no tenian ni tierra ni puesto en la fábrica. Mi barrio seguía llamándose polígono residencial y en las fábricas no había relevo porque todo se mecanizaba. Era la segunda generación que emigraba. Allí quedaban atrapados otros que no tuvieron la suerte de estudiar.

En los 20 años, no ha habido ninguna selección de trabajadores con el pérfil de usuarios de Renta Mínima. A lo mucho, algún curso, que excluía a las personas con más limitaciones, es decir que estaban en el programa de una manera mas casual. Nadie que no pueda leer y escribir tiene opción  a un curso, porque no están hechos mas que para lectoescritores. Nadie que esté enfermo, o que tenga alguna dificultad importante de salud mental puede participar. Tampoco para los usuarios de mayor edad, … En algunos momentos incluso ellos mismos no pudieron optar porque requerían transporte que no se contemplaba como apoyo y del que no podían prescindir de la raquítica cartilla de racionamiento que supone la Renta Mínima. Nada que ofrecer desde la administración, más allá de mi presencia periódica pidiendo cuentas de su vida y mi aportación técnica en aquello que les pudiera servir. Un momento para poder seguir completando aquella renta con derivaciones a banco de alimentos de Cáritas, a ropero de Cruz Roja, a Fondos de Emergencia para el pago de un corte de suministro, para unas gafas o un arreglo dental en alguna fundación a bajo precio…mendicidad organizada.

Y en todo momento, en esos contratos, yo escribo lo que ya hacen, y les animo a que lo sigan haciendo, lo que ya hacen es algo tan importante como no desfallecer, seguir con ánimo, valorar lo que tienen, valorarse como personas, no dejar que nadie les diga que no valen, superar sus dificultades, buscar con ellos cómo contribuyen a que la humanidad sea mejor.

Pero poco a poco, me revelo porque cada vez las condiciones son mas leoninas. Se excluye a más gente con criterios de violencia, tales como otras prestaciones de otras administraciones con criterios cambiantes y sumamente complejos,  las denuncias de los padres de los hijos por falta de pensiones por alimentos, por falta de empadronamientos que tengan relación con las difíciles realidades de la precariedad, por contratos eventuales y míseros que superan las cuantías y que suponen suspensiones y altas con un coste de inestablidad económica continuada, siempre por debajo del umbral de la pobreza. Y no quiero seguir participando de esto. No. Porque deja fuera de los medios  materiales de vida dignos a cada vez mas personas que lo necesitan.

Evidenciar que el Comité Europeo de derechos sociales, lleva diez años requiriendo a mi gobierno que cumpla con la Carta Social europea, http://www.coe.int/t/dghl/monitoring/socialcharter/Conclusions/State/SpainXX2_fr.pdf me ha llenado de indignación. Saber que además tenemos una carta social de segunda porque no podemos ejercer el derecho de reclamación colectiva me enfada aún mas. Pero no me voy a conformar. Creo que debemos exigir con nuestras pruebas, la prueba de nuestra vulneración, que se cumpla la Carta Social Europea. Sueño con oficinas donde los que nada tienen se reunan para hacer cumplir sus derechos, donde los que tenemos conocimientos de las prestaciones y las leyes armemos la defensa de estos derechos. Creo que debemos construir nuestra narrativa sobre lo que vivimos y lo que deberíamos vivir. Dejar de ser cómplices desde el estatus quo y exigir de verdad el cumplimiento de las leyes.

Para ello vamos a montar oficinas de reclamación del incumplimiento del derecho a los medios de subsistencia tal cual recoge el Comité Económico y Social, y con la ayuda de abogados, economistas, trabjadores sociales, médicos…etc, en definitva de todos los testigos de la vulneración de estos derechos, elevar la voz para que quien no lo conozca lo sepa, y crear la legislación que no permita nunca mas que los Servicios Sociales sean gestones  de la miseria mediante el control de los pobres, sino Servicios Sociales que ayuden a superar las dificultades a las que se enfrentan comunidades, familias y personas, en este orden, para que todos vivamos mejor.

Pero el cumplimiento de las Rentas Mínima no es suficiente, porque siempre llegaremos a la trampa de las condiciones que dejará fuera a personas que lo necesitan, y por esto estoy con el trabajo que quienes claman por la Renta Básica, que resuelve desde la incondicionalidad de este derecho buena parte de las dificultades. La Marea Básica, donde precarios y los que no queremos la precariedad nos unimos para conseguir este derecho, que ya las Naciones Unidas lo consideran como emergente.

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