Mirar de otra manera

Aunque el vídeo tiene ya tres años, merece la pena recuperar la información compartida por el colectivo “Aldea Social” en el documental “La otra mirada”. Una buena muestra de que es necesario adoptar nuevos puntos de vista si de verdad tenemos voluntad de cambiar las cosas y que se respeten los derechos de todos y todas.

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Invisibilidad y Transparencia

Ahora que se acerca el 17 de Octubre, día para la erradicación de la extrema pobreza, una jornada en la que promovemos que quienes la sufren tomen la palabra en el centro de nuestras sociedades, es un buen momento para revisar qué tipo de visibilidad es una oportunidad de promoción para ellas y cual no. Del blog desastrando:

 

El problema de la pobreza es que se la quiere hacer invisible.

El problema de la pobreza es que se la quiere hacer transparente.

Parece lo mismo, pero no lo es. Para nada.

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Cuando hace 2 años comenzó la trayectoria del grupo de Invisibles de Tetuán, el primero de varios que posteriormente han ido apareciendo con el mismo nombre en la Comunidad de Madrid, fue en respuesta al ninguneo y la invisibilización de quien entonces estaba en la Junta Municipal: para justificar el intento de cierre del banco de alimentos autogestionado que llevaba unos meses en marcha, la concejala se refugiaba diciendo que “en Tetuán no hay casi gente pasando hambre, ni que no pueda pagar las facturas; en todo caso lo que hay es mucha picaresca”. Estaba claro que no había paseado mucho por las calles del distrito en las que quienes allí vivimos hemos ido encontrando a lo largo de los años cada vez a más gente rebuscando en la basura. Pero sobre todo, con esta sentencia mostraba que tampoco tenía interés en abrir los ojos a la realidad, y que de hecho esta le molestaba. Por eso su respuesta frente a las necesidades puestas en evidencia por el banco de alimentos fue, simple y llanamente, tratar de cerrarlo. Una manera eficaz de mantener su apuesta por la invisibilización de la pobreza: ojos que no ven, sociedad que no siente.

Frente a esta ceguera que se quería imponer, la respuesta fue clara: una campaña en la que poner rostros, cifras e historias a estas realidades cotidianas para tantas y tantos. Y un mensaje claro: las gentes invisibles quieren dejar de serlo, quieren ser reconocidas, cuidadas y, sobre todo, respetadas.

Invisibles, nunca más.

Frente a este impulso desde abajo por dejar de ser invisibles, desde las instituciones y el mundo profesional avanza otra dinámica de visibilización: la imposición de la transparencia, el intento constante de llegar a tener un conocimiento lo más amplio posible de la vida y las costumbres de estas gentes confinadas a los márgenes, o al menos de determinados aspectos de ella. Estas personas que viven en pobreza resultan así invisibles para la sociedad en general, pero los dispositivos que les atienden ansían siempre saber más y mejor de ellos, quitar de en medio todas las opacidades, mentiras y medias verdades que sospechan que pueden darse. Con la excusa de necesitar conocer la realidad lo mejor posible, el derecho a la intimidad salta por los aires: si quieres ayuda, tienes que estar dispuesta a dejar a que quien la gestiona pueda rebuscar la información “pertinente” en tu vida, siempre con la desconfianza a cuestas, “porque siempre te mienten, te dicen lo que quieres oir”. Esta frase due el consejo que un compañero me dio el día que empecé a trabajar en un Centro de Drogodependencias. Cuando la escuché, me pareció una falacia; al cabo de un tiempo descubrí que tenía mucho de verdad, pero que faltaba gran parte de la explicación: ante la dinámica “policial” y de cuestionamiento continuo de los profesionales, quienes acudían a nosotros se defendían protegiendo su intimidad y mostrando la realidad más adecuada para conseguir el apoyo que andaban buscando. Nada extravagante, por otro lado, pues anda que no decoramos la realidad unos y otras, por ejemplo, cuando nos relacionamos con nuestros jefes, para así conseguir su aprobación, reforzar nuestra buena imagen o evitar críticas.

Pero cuando vives en pobreza ese es otro derecho que no tienes. La invisibilidad social se complementa con la transparencia total demandada por los servicios especializados en atenderte, como si así se mantuviera el equilibrio: frente a la opacidad social absoluta, la mirada técnica vigilante que pretende atravesar todas las capas protectoras. Además, este conocimiento en profundidad que se pretende de determinados aspectos de la vida de “los pobres” no se construye a partir de la confianza, lo cual podría tener sentido y, sobre todo, ser menos hiriente. Porque el baile de profesionales, mayor además en los lugares de mayor vulnerabilidad, implica que cada pocos meses tienes que estar de nuevo abriendo tu vida y precariedades a nuevos profesionales que aterrizan en servicios en los cuales ni ellos mismo saben cuanto tiempo van a poder estar.

Pocas veces se ha señalado, pero esta búsqueda de la transparencia, termina siendo una de las causas de la persistencia de la pobreza y la exclusión. Su obsesión por evitar engaños y conocer todas las circunstancias determinantes termina poniendo en evidencia las fragilidades, bloqueos y contradicciones cotidianas de aquellos a quienes no les queda otra que buscar en el día a día como salir de los mil y un problemas que tienen. Las soluciones que encuentran nunca son las ideales, y hay muchos elementos de su vida que quieren ocultar (como nos pasa a todas, la transparencia total es insoportable). Pero esta mirada inquisidora no acepta detenerse en su búsqueda de “la verdad”, y termina iluminando no las capacidades y fortalezas de la gente, sino principalmente sus miserias y debilidades. Así, finalmente, fuerza la ruptura del vínculo que podría hacernos sentir parte del mismo caminar y facilita el que se pueda señalar a quien se queda en el camino como único/a culpable de lo que le pasa: bajo la lupa quedan expuestas todas las pruebas que muestran que no hace lo suficiente, que no sigue la indiciaciones, que no quiere, en definitiva, salir adelante.

¿Qué pasaría si aplicáramos la lupa en sentido contrario? En caso de que se hiciera, podríamos descubrir como los propios mecanismos administrativos y las condiciones establecidas para dar ayudas, determinadas siempre desde despachos a los que la realidad les queda demasiado lejos, incitan constantemente a quienes no tienen otra opción que solicitarlas a plantearse cómo poder construir un relato que presentar que pueda superar todas las barreras de acceso. Aún así, muchos y muchas se aferran a ir siempre “con la verdad por delante”. Desgraciadamente, cuando los problemas y dificultades se acumulan, esto no es garantía de conseguir lo que se necesita, e incluso puede suponer ponerse en riesgo.

Un ejemplo que se presentó hace unas semanas en un foro en Madrid: “Muchas veces te cuestionan tu verdad, pero también te obligan a mentir para conseguir ayudas. Por ejemplo, si tienes un trabajo temporal mal pagado y por eso tienes un complemento de la RMI, tienes que firmar que vas a buscar mejora de empleo. Pero si encuentras uno en el que te pagan 50 euros más, pierdes la RMI, y con ello el complemento para el comedor, y la ayuda de libros… ¿Cómo vas a buscar un trabajo así? Pero tienes que firmar o no te dan la ayuda”.

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Quienes viven en pobreza no quieren ser invisibles, sino sostener una mirada respetuosa del resto de la ciudadanía.

Quienes viven en pobreza no quieren ser transparente, sino poder decidir a quién abrir su intimidad, poder construir relaciones en la confianza.

Ni invisibles, ni transparentes. Que no es lo mismo ni es igual.

El otro lado del gueto

Un interesante reportaje aparecido hace unos meses en eldiario.es:

‘Made in Kibera’: artistas del gueto

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Son las cinco de la tarde de un martes y Phlexible, Geoffrey, Wikedest, Coco Tea y Natty Chwani improvisan rimas en el gueto. A su alrededor, las paredes de adobe y los techos de chapa oxidada tiñen el lugar de pobreza y abandono. Pero en su radio roja suena una base instrumental de Reggae, y las rimas salen de su boca en un diálogo de positivismo y coraje.

Estamos ante un grupo de artistas Kenianos que pertenecen a Ghetto Youth Focus Fundation (GYFF) un colectivo que aúna cantantes, poetas, bailarines y cómicos nacidos y criados en el poblado chabolista de Kibera, uno de los más grandes del mundo. Olvidados por el gobierno, los habitantes de este gueto sueñan en despertar un día con una vida más digna, derechos básicos como higiene, sanidad, gestión de residuos y agua corriente.

A tan solo 10 km., se encuentra Nairobi, la capital tosca y anárquica de Kenia donde deambulan transeúntes sorteando rascacielos, restaurantes y todo tipo de comercios. En la polvorienta ciudad se mezclan las clases sociales con más o menos suerte, incluidos los habitantes de Kibera, que llegan al amanecer para desempeñar los trabajos más variopintos y cuando cae la tarde, vuelven al slum.

Las oportunidades en la ciudad brotan con más fluidez en todos los ámbitos. Artistas como Dj Mantixx, al que conocemos una mañana, tienen ocasión de actuar en pubs, festivales o conciertos concurridos. En cambio, los hijos de Kibera, que a duras penas pueden ahorrar para grabar una canción en condiciones, son tachados solo por pertenecer al gueto.

Ante este panorama, el colectivo de GYFF y la ONG Más Por Ellos están impulsando una iniciativa que junta a los artistas del slum para crear un altavoz que consiga llegar al resto del mundo. El mensaje es claro: “Sabemos que la situación de Kibera es dura. Esta es una realidad innegable, pero ¿Por qué nadie menciona que también hay personas exitosas en el slum? ¿Por qué nadie quiere contar la historia de todos los que, día a día, trabajan duro y se esfuerzan por sacar la cabeza entre esa brecha de injusticia?

Made in Kibera es un movimiento que cree en los artistas, y en que ellos son los más  indicados para contar la realidad que habitan. Por eso esta iniciativanace para brindarles la oportunidad de vivir se su talento.

A través de la plataforma  madeinkibera cualquier persona, de cualquier lugar del mundo puede conocer su historia y encargarles una canción a cambio de una remuneración económica. Además, para que el proyecto sea sostenible, se están recaudando fondos para crear un estudio de grabación profesional en Kibera. Gracias al estudio se  generarán más empleos y se ofrecerá la oportunidad de grabar canciones y vídeos a precios asequibles.

Hemos avanzado mucho, pero el estudio aún es un sueño que anhela convertirse en realidad. Todos los artista implicados en Made in Kibera, con el apoyo de GYFF y de Más Por Ellos están trabajando por hacer realidad el proyecto del estudio.

Made in Kibera es una iniciativa viva, llevada a cabo por luchadores y luchadoras que creen que el cambio es posible, y que saben que herramientas como la música y las ideas son universales capaces de conseguir que un movimiento como este nunca se detenga.

La CRISIS de lxs pobres se escribe con mayúsculas

Una entrada sobre cómo afecta la crisis a los diferentes grupos socioeconómicos. Aparecido en el blog desastrando

Acá van unas gráficas de cambios en la distribución de renta de esos que tan bien trabaja Milanovic (vía LIS).
Desgraciadamente, parece que todo sigue igual, al menos en nuestro país, donde los últimos datos vuelven a corroborar que la crisis económica sobre todo ha afectado no a las tan cacareadas clases medias, sino a quienes viven en mayor pobreza. Así funcionamos, cuanto más pobre, peor te irá.

En el eje horizontal se distribuye la población en función de su situación socioeconómica, quedando a la izquierda los más pobres y a la derecha los más ricos. Y en el eje vertical se muestra la variación en los ingresos. Cuanto más arriba mejor, claro está.

Pero no pensemos que esto es siempre así. Solo hay que echar un ojo a las gráficas en otros países durante este mismo perido. Bastante diferentes.

 

Ante la precariedad, movilicémonos

Una acción de nuestro compañero Álvaro Iniesta que presenta así:

“La precariedad aumenta a nuestro alrededor. En nuestro día a día, a veces parece que no podemos hacer nada. Pero atreverse a tomar la palabra en en un lugar público para expresar que esta realidad te duele y que no aceptas que nos acomodemos, es un acto político al alcance de todos. Quizás no cambie nada, pero hacer existir otro discurso en el silencio impuesto a nivel social desde el “así son las cosas”, es una invitación a la movilización… y eso, en realidad, lo puede cambiar todo.”

Cambiar la mirada para descubrir la realidad

A veces hay que darle la vuelta a las ideas preconcebidas para poder entender mejor la realidad… Esa es la propuesta que desde hace algunos años desarrollan en torno a “The Roles We Play” en Reino Unido.

Romper con los estereotipos

therolesweplay
  • “Me siento atacada cuando leo los periódicos, cuando miro la televisión o escucho la radio. Adoro cuidar de mi familia, y es necesario, pero odio los estereotipos, la vergüenza, la inseguridad y la inestabilidad que hay cuando uno recibe prestaciones sociales. No debería tener vergüenza.”–Bea, Reino Unido

Tras una campaña del gobierno de Reino Unido en 2014 dirigida a los que defraudan a la asistencia pública, miembros de ATD Cuarto Mundo que viven en situación de extrema pobreza han puesto en marcha un proyecto para que se reconozca su rol en la sociedad.

El libro de fotos y recopilación de testimonios “The Roles We Play” (Los roles que representamos: reconocer la contribución de las personas que viven en situación de pobreza), publicado en inglés en 2014, se suman una serie de vídeos, una exposición itinerante y una dinámica en las redes sociales (compartir en Facebook o Instagram el papel que representamos en nuestro barrio o sociedad utilizando el “hashtag” #rolesweplay).

kattyKatty, Defensora de los Derechos Humanos

A través de este proyecto los participantes muestran hasta qué punto las personas en situación precaria son valientes, se ayudan entre ellas y no quieren que los demás les tengan lástima, sino que comprenden que también ellos son seres humanos con el mismo derecho a la dignidad y tienen un papel en la sociedad, contrariamente a las ideas preconcebidas.

Thomas recuerda que “las personas que viven en situación de pobreza no han elegido esto”. A pesar de todo, quieren demostrar que también pueden tener éxito a nivel educativo, ser dignos y estar orgullosos de ellos mismos, a pesar de todos los prejuicios de los que son objeto: “Son unos aprovechados”, “no quieren trabajar”, “roban al Estado”. Thomas, sin embargo, es auxiliar de enfermería para su hijo, que tienen necesidades especiales. “Va al colegio, así que debéis de preguntaros por qué no trabajo cuando está en la escuela, pero incluso cuando está allí tiene a veces necesidad de mi ayuda. Tengo que ir al colegio para tranquilizarle o para ayudarle a recuperar las clases cuando él no puede ir”.

Estas ideas preconcebidas acentúan la brecha entre las diferentes clases sociales, mientras que Seamus, obrero jubilado, como sus colegas, desea “tender puentes entre ricos y pobres, para reunirnos, para entendernos los unos a los otros”.

Diane, que recuperó el título de Baronesa al descubrir la historia de su familia, dice “Algunas personas están demasiado cansadas para trabajar, como yo. No son unos aprovechados; estas personas están demasiado enfermas como para ir a trabajar”. Ella lleva a las familias a la casa de vacaciones familiares,“Frimhurst Family House”,  para que encuentren un apoyo: “Me veo como la voz de personas que viven dificultades“.

Gwen, estudiante, siente que “La sociedad piensa que las personas pobres no van a la universidad, abandonan el sistema educativo, y acaban como sus padres para estafar al sistema una vez, y otra….” . Ella continúa con sus estudios de enfermería, para que su familia esté orgullosa y para demostrar que es ” mejor de los que la gente cree “.

Joël resiente de la discriminación hacia su clase social: “Cuando la gente sabe que vienes de un barrio concreto, te miran instantáneamente de otra manera”. Sin embargo, se ocupa de un taller de música para los niños y niñas de su barrio. “He vivido aquí toda mi vida, por lo que creo que soy la persona idónea para trabajar con ellos en el club social que ayuda con los deberes después de la escuela”.

ericErick, “Creo que es importante pensar en los demás antes que en mi. Me gusta ayudar a los demás. Soy feliz cuando ayudo, pero odio pedir ayuda”

Los participantes del proyecto “The Roles We Play” nos invitan a descubrir lo que hacen las personas que viven en situación de extrema pobreza para mejorar sus propias vidas y las de los demás. El proyecto anima también a repensar las ideas preconcebidas y a responder a este planteamiento de una participante como Georgina : “Creo que no importa que seas pobre o no, todos deberíamos ser tratados de la misma forma. Después de todo, todos somos seres humanos, ¿no?”

Foto Eva Sajovic(C)ATDCuartoMundo