Cambiando el paso

Tras dos años y medio compartiendo experiencias, reflexiones y prácticas desarrolladas a partir de realidades de extrema pobreza, y aprovechando que el blog hermano “Cuaderno de Viaje”, común para todo el mundo hispanohablante, va cogiendo impulso, decidimos sumar fuerzas a esa apuesta internacional, lo que conlleva dejar de actualizar este blog. En él seguirán disponibles los contenidos que hemos ido recogiendo, para mostrar las capacidades de resistencia y creación de aquellas personas condenadas a la invisibilidad y la violencia de la extrema pobreza.

Para despedirnos, nada mejor que retomar los compartires de “con mi bici azul”, uno de nuestros maestros más fieles, que sigue luchando y buscando caminos para seguir andando hacia un futuro sin pobreza, como muestran estos retazos que nos manda de lo que ha vivido en el último mes.

¡Seguimos en “Cuaderno de Viaje”!

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Hoy me he levantado, como muchos otros días, a las 7.30 para preparar los desayunos de la familia, y mientras mi mujer llevaba a los niños al colegio yo me he ido a las 8 a buscarme la vida. Ayer me dijo mi mujer que sólo nos quedaban 50 euros, y que iban a volar al ir a hacer la compra. Somos muchos y aún quedan muchos días para terminar el mes, y aunque seamos mucho cobramos muy poquito de la paga.

indice4He salido y estaba lloviendo, el camino estaba bastante mal, me ha costado bastante salir del camino por el que voy siempre. He estado dando una vuelta y mirando pero como no he encontrado nada he ido al taller donde tengo un amigo. Ya hacía dos semanas que no pasaba por allí, así que he ido a ver si me daba algo de chatarrilla para por lo menos poder venderla y no dar tantas vueltas con el día que hacía, porque ya estaba mojado, tenía la chaqueta, el pantalón, los calcetines empapados… Estaba empapado entero. Bastante tiempo tarda luego en secarse la ropa luego a casa… Cuando he ido a la chatarrería me he encontrado con Ramón, que iba también para allá, y me dice: “es que por mucho que nos abriguemos no adelantamos nada, vamos como pollos”, porque íbamos empapados.

Cuando he vendido la chatarra me ha llamado mi mujer para preguntarme si había vendido algo, y le he dicho que sí, así que me ha encargado que hiciera algo de compra: papel higiénico, zumos para el colegio, algo para la merienda y algunas cosas más. Me he gastado todo lo que había ganado por la mañana.

Lo que tiene el buscarse la vida con la chatarra es que cada día es diferente: hoy llueve, mañana no, y el día que haya tormenta ten por seguro que te vas a mojar. Cabe la posibilidad de que te mojes y que te busques la vida para ganarte la vida y que no encuentres nada. Hoy si no llego a pasar por el taller y que tenía algo, lo hubiera tenido muy difícil para poder sacar algo de dinero.

Este mes por lo menos podemos decir que a estas alturas tenemos 50 euros, otras veces no tenemos nada. Hay veces que te levantas y te enfrentas al día que hay que traer algo a casa, muchas veces cosas básicas para los peques.

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Gracias a que me han salido algunos trabajos de un par de días por 45 euros, o que vendí el otro día 20 euros de chatarra. Si no haces nada y te quedas en casa, si te quedas sin dinero y necesitas cosas básicas para casa, pues muy mal.

Me gustaría poder buscarme la vida de otra forma, y vivir un poquito más seguro. Me gustaría poder encontrar la oportunidad para ello.

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Hoy hemos estado en el trabajo nuevo con lo de la aceituna, a 50 kilómetros de casa, pero bastante bien. Es con un chaval joven que está con nosotros, y los olivos son de su padre. Son buena gente, por lo menos tienes eso. Hoy estuvimos trabajando duro y nos dijo “no os matéis tampoco, que la esclavitud ya no existe, se ha acabado”. Bastante bien, la verdad, ha traído agua, una cervecita, una coca-cola. Se agradece, el trabajo se hace más ameno. Hoy hemos cogido 1500 kilos. Otro hombre que tiene olivos por allí ha flipado, los suyos eran cuatro y no han cogido ni 1000 kilos, y nosotros que somos dos más el jefe hemos cogido 1500 kilos. El hombre ni se lo creía.

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Hoy me han ofrecido otro trabajo para recoger aceitunas en mi pueblo, para cuando termine con el que estoy ahora. Le conocí porque iba a la finca del señor que tiene caballos y olivos en la que estuve recogiendo escombros unos días.

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Está bien el poder estar trabajando estas últimas semanas. Nos permite pasar las fiestas más tranquilos. Cuando me paguen va a venir el que está conmigo recogiendo aceituna y le voy a pagar yo para que me arregle las baldosas de la casa, ya lo he hablado con él. Como sabe de albañilería y esas cosas…

Estoy contento, la verdad es que sí.

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La moneda de cambio

Un blog que merece la pena visitar, el de Julio Rubio Gómez. Un ejemplo de muestra:

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Me llaman al móvil;

– ¿Julio Rubio?

– Si, soy yo

– Hola buenos días, soy María de servicios sociales del distrito. Llevamos el caso e Manuel que está tutelado por la Comunidad de Madrid, y decía que quería apuntarse a boxeo, nos ha traído una autorización.

– Si, se pasó el otro día con varios chavales, estuvo preguntando porque un amigo suyo viene a boxeo, y le di una autorización por si quería apuntarse.

La conversación sigue, yo le explico a la trabajadora social en que consiste el proyecto. Pero hay un punto en que María es contundente;

– Mira también nos ha traído una autorización para una excursión a la montaña, ahí si que no quiero que vaya porque se está portando muy mal, está todo el día en la calle, consumiendo, haciendo pequeños hurtos… y esto sería un premio para él.

– Mire, nosotros tenemos un problema, y es que nos utilizan de “moneda de cambio”, se ve el proyecto de boxeo o las excursiones como un premio y yo creo que no, creo que es una actividad en sí tan importante como cualquier otra. Que el niño se lo pase bien no es sinónimo de que no esté aprendiendo, que no haya un trabajo pedagógico detrás, que no se estén tratando los problemas que le rodean… Después de la segunda evaluación casi todos han suspendido, ha sido un desastre las notas, y los padres les quitan de boxeo, o de fútbol, baloncesto… porque consideran que es un premio, no ven que aquí también hay un trabajo con estos chicos, que también hay educación. Siempre pensamos que si el chaval se divierte no está aprendiendo, y esto es un error. O todo lo que no sea enseñarles conocimientos cientifico-linguisticos no vale para nada, más que para premiar. Yo les digo siempre a los padres que deben reconocer el esfuerzo que están haciendo sus hijos o hijas en boxeo; vienen puntuales, se portan bien, se sacrifican, sudan… es importante reconocerles este esfuerzo. Yo personalmente cuando les dan las notas les digo; “no se que notas habrás sacado pero aquí tienes un sobresaliente”. Porque si no ellos creen que todo lo hacen mal, y no es verdad. Esta actividad es un espacio donde compartir (alegrías y problemas), donde los chavales hacen amigos, encuentran adultos que les hacen caso, hacen deporte, o salen a ver la montaña (chavales que nunca han salido del barrio), así se mantienen alejados de estar por ahí como usted misma ha dicho; en la calle, robando, consumiendo…

Emprendiendo desde abajo

El Diccionario de las Periferias de Carabancheleando es de lectura obligada para mirar las realidades de nuestras ciudades de otra manera. Una muestra de ello es el acercamiento a la realidad de quienes se ven obligados a buscarse la vida, día a día, en las calles.

Diccionario de las Periferias: Buscarse la vida

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Si hay un personaje mítico de nuestros tiempos, ese es el “Super-Emprendedor”. Vencedor de un sin fin de batallas, supo tener la brillantez de concebir una gran idea de negocio, el arrojo y la valentía para invertir en ella, la capacidad de trabajo y esfuerzo suficiente para gestarla en una incubadora de empresas, hasta llegar el momento de acelerar su crecimiento y convertir a aquella pequeña iniciativa en una prometedora start up. La capacidad de liderazgo hará el resto. Su reluciente sonrisa será presentada en los medios como un nuevo caso de éxito personal. Pero no solo. Seguro que también entrena varias horas al día para disputar la próxima ironman, mientras dedica la noche a verter consejos para otros futuros emprendedores en el blog desde el que alimenta su marca personal. Y todo eso sin contar las loas que recibirá por la función social que cumple, pues su triunfo no es sólo suyo, es garantía de empleo para el conjunto de la sociedad.

Este relato del hombre (sí, en masculino) forjado a sí mismo, que puede arrancarnos alguna sonrisa, pero también convertirse en promesa de futuro, oculta demasiadas cosas. Por supuesto, esconde su anti-héroe, ese alter ego del emprendedor que vive enfermo, acosado por el agotamiento y la depresión como únicas respuestas ante las altas dosis de exigencia, rendimiento y autoexplotación. Pero esconde también que los emprendedores no tienen en realidad capacidades mágicas para la creatividad, el trabajo y la valentía de asumir los riesgos que emprender conlleva. En realidad, la cosa es mucho más sencilla: proceden, en su inmensa mayoría, de nichos socioeconómicos con las suficientes seguridades como para asumir el tiempo sin cobrar que requiere el desarrollo de una iniciativa y las pérdidas que en caso de fracaso ésta pudiera acarrear. Esa diferencia de clase que el neoliberalismo se empeña en invisibilizar pero que la vida cotidiana de las periferias pone en primer plano día tras día. Por eso, no hay apenas emprendedores en los barrios. La gente en los barrios, y no ahora, sino desde siempre, no emprende. Se busca la vida.

Pero buscarse la vida, hacer tus business, o tener unos trapis llegado el caso, no son la versión pobre del emprendimiento. Detrás de las mil y una iniciativas de trabajo que surgen en los barrios hay mucho más que promesas de éxito y enriquecimiento individual. Primero, porque la inmensa mayoría de las personas que se buscan la vida en los barrios saben que eso no llegará o, si llega, será a costa de transitar determinados mundos en los que los riesgos son mucho mayores que ver apagarse a una start up. Segundo, porque su origen no es una receta de individualismo a la medida de cada quien. Parten de una situación mucho más colectiva (la pobreza generalizada entre determinados sectores de la población y la imposibilidad estructural de ganar un salario dentro del mercado de trabajo normalizado) que tiene más que ver con la subsistencia y la supervivencia que con los sueños de triunfo y las aspiraciones profesionales.

Y, sin embargo, buscarse la vida no es sólo sobrevivir. En muchas ocasiones se compone de deseos de autonomía y dinámicas de autogestión que pueden llegar a constituir una auténtica provocación al orden económico establecido. Ni, desde luego, buscarse la vida es la vía fácil del mercado informal que pintan muchos políticos, medios de comunicación y fuerzas policiales. Son prácticas arriesgadas, y en juego se pone mucho más que perder los ahorros en una idea de negocio fracasada.

Quizá por todo eso, a diferencia del emprendimiento, esta “emprendeduría por abajo” no se desapega de su trama colectiva, no es pura competencia, no puede creerse el relato del individualismo como única forma de progreso, sino que precisamente necesita de la capacidad de tejer vínculos duraderos y lealtades colectivas que se nutren del propio territorio, los barrios, en los que se brega la vida.

En la calle y con empleo

Como siempre, Albert Sales nos regala una nueva reflexión necesaria en su blog, esta vez sobre el empleo y su efectividad (o no) para salir de la pobreza:

El empleo: ¿la mejor política social?

Ricardo “salió de la calle” hace cinco años. Después de pasar dos años durmiendo en cajeros y parques de Barcelona y de vivir en varios albergues para personas sin techo, entró en un centro en el que disponía de una habitación individual y donde encontró, según él, profesionales que le ayudaron a “cerrar heridas” y a “encontrar cierta estabilidad”. Residiendo en el centro encontró un empleo en la cocina de un restaurante y tras unos meses ahorrando se buscó una habitación. Cinco años después, Ricardo trabaja como vigilante nocturno en un garaje con un contrato de veinticinco horas semanales, aunque reconoce que su jornada real es completa. Recibe por su empleo 380 euros mensuales con los que paga la habitación en la que duerme durante el día. Sigue acudiendo al Centro de Servicios Sociales de su barrio en el que le van renovando su tarjeta para el comedor social. Bromea diciendo que gracias al comedor todavía le queda sueldo para caprichos.

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Si a Ricardo se le pregunta si ha dejado atràs su vida como persona sin techo no deja margen para bromas. Con la posibilidad de perder el empleo en cualquier momento y viviendo en una habitación realquilada sin contrato, se siente siempre a un paso de la calle. Aunque ha recuperado la relación con su hermana, sabe que si llegado el momento se encontrara de nuevo “sin nada”, lo último que haría sería convertirse en una carga para ella.

Ricardo es una más de las muchas personas que salen de la calle para seguir en la pobreza. Una pobreza diferente, quizá menos cruda y con toda seguridad menos visible. Sin un sistema de garantía de rentas que permita una vida digna y enfrentándose en solitario a un mercado laboral salvaje y aun mercado de vivienda no menos inhumano, las personas que reciben el apoyo de servicios sociales y de organizaciones para salir de la calle suelen mantenerse en situación de alta vulnerabilidad social el resto de sus vidas.

Cada vez es más evidente que encontrar un empleo no constituye una garantía para salir de la pobreza. En 2008 había un 13,4% de personas con empleo en riesgo de pobreza y exclusión social según la Encuesta de Condiciones de Vida del INE. En 2014, la cifra había aumentado aumentado hasta el 17,6%. Habida cuenta que la población con ingresos medios se ha empobrecido sensiblemente y el propio umbral de pobreza ha descendido, la situación económica de las personas empleadas ha empeorado sensiblemente tras la destrucción masiva de puestos de trabajo, la reforma laboral y alucinaciones colectivas en forma de brotes verdes.

En Barcelona, un 11% de las personas sin hogar atendidas por la Red de Atención a las Personas Sin Hogar (XAPSLL por sus siglas en catalán) tiene empleo. En los últimos años, los albergues han flexibilizado horarios de entrada y normativas para adaptarse a las necesidades de un número creciente de residentes con empleos nocturnos en la hostelería, la restauración o realizando tareas de vigilancia. Se trata de personas que con los pequeños ingresos que logran, ahorran hasta dar el paso a una supuesta “vida autónoma”. Pero el concepto de “autonomía personal”, tan presente en los planes estratégicos de entidades públicas y privadas y tan utilizado en las facultades de trabajo y educación social, poco tiene que ver con el empleo que aguarda al final de los itinerarios de “inserción” o “inclusión”.

Las formas de explotación laboral y de precariedad habitacional que sufren las personas sin hogar tras el apoyo de entidades y servicios sociales provoca una gran frustración a las propias personas afectadas y también a profesionales y voluntarios que ven su trabajo convertido en un acompañamiento a la sumisión a empleos basura y a situaciones de extrema vulnerabilidad social indefinidas que, demasiado a menudo, llevan de nuevo a la calle.

Son las vidas de las personas relegadas a los márgenes de la sociedad las que evidencian con mayor fuerza la necesidad de desvincular el derecho a una existencia digna del empleo. La expansión e intensificación de la precariedad laboral convive con una ética del trabajo trasnochada que responsabiliza a las víctimas de la pobreza de su destino exigiendoles que se enfrenten individualmente a una exclusión que es estructural. Los dispositivos de atención social no pueden ser más que parches de humanidad si no se garantiza el derecho al vivienda y a recibir ingresos desvinculados del empleo.